Consumo y producción de la energía

Podemos producir la energía que consumimos. Así lo cruzan los impulsores del proyecto ‘Vivir del aire de cielo‘, una iniciativa pionera que pretende construir un aerogenerador de propiedad compartida entre los colaboradores que participen para producir la energía eléctrica limpia y renovable.

Uno de los promotores de la iniciativa es Pep Puig, consultor en energía y profesor en la Universitat Autònoma de Barcelona, además de ex-presidente del consejo rector de Somos Energía. ‘El proyecto consiste en democratizar la producción de energía eléctrica para que la gente normal pueda ser propietaria de los sistemas de generación’, explica. ‘La participación en la propiedad de molinos de viento es muy habitual en el resto de Europa, sobre todo en Dinamarca y en Alemania’, añade.

Un modelo alternativo

El aerogenerador en cuestión se instalará al término municipal de Pujalt (Anoia). Es un modelo Enercon @E-103 EP2 y ahora mismo está en proceso de fabricación. Producirá 2,35 megawatts cada hora, y se prevé que funcione 2.400 horas el año y tendrá capacidad para alcanzar a miles de familias con la generación de 5.500.000 kWh/año.

Puig reivindica que este proyecto tiene que ser un ejemplo que demuestre que la gente normal puede asumir colectivamente la producción de energía eléctrica renovable. ‘Mucha gente piensa que la democracia es elegir la forma de energía que te suministran, pero el problema no es este. El problema es quién domina el sistema energético’, critica.

Tres millones de euros

El proyecto tiene un coste de unos tres millones de euros y se financia con las aportaciones de los particulares, que se beneficiarán de recibir una energía verde y renovable. Cualquier persona puede participar aportando pequeñas o grandes cantidades de dinero. En esta iniciativa se han implicado el Ayuntamiento de Pujalt, Somos Energía y Greenpeace, entre otros colaboradores sin ánimo de lucro.

Unas trescientas treinta personas ya han aportado millón y medio de euros, pero continúa la busca de financiación. A pesar del hándicap que supone el hecho que las energías renovables no reciban ayudas públicas, los promotores creen que el proyecto saldrá adelante. Una dificultad añadida ha sido el procedimiento burocrático para conseguir los permisos correspondientes: ‘En Alemania en pocos meses los tienes. Aquí ya hace cuatro años’, dice Puig.

¿Cómo nos llega la electricidad?

La energía que generará el molino de viento se abocará en la red eléctrica, tal como sucede actualmente con todas las empresas que producen electricidad. A partir del sistema de distribución, la energía se repartirá entre los clientes. Ahora bien, los proyectos que impulsan la energía renovable declaran cada kWh a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia, que otorga unas garantías de origen.

Por lo tanto, este tipo de iniciativas aportan un porcentaje de energía verde al total del sistema eléctrico y el ciudadano que participa, además de ser propietario de la producción, tiene la garantía que no genera CO2 ni otros residuos que causen problemas al medio ambiente.

El impacto en el paisaje

La construcción de parques eólicos ha comportado el nacimiento de movimientos locales de resistencia para proteger el paisaje. ‘Todos los movimientos de oposición han tenido una razón de fondo: quién hace estos proyectos y de quién son. Si viene una empresa a poner molinos de viento a casa tuya y se lleva el provecho, es lógico que se creen resistencias’, argumenta Puig.